Una aporía no es simplemente una duda: es un punto en el que dos razonamientos plausibles nos llevan a un callejón sin salida.
Los filósofos griegos usaban la aporía para señalar problemas que no podían resolverse con una respuesta inmediata. Sócrates convertía esa incomodidad intelectual en método: reconocer que una respuesta aparentemente sencilla contiene contradicciones puede ser el principio de pensar mejor.
Reflexión: quizá madurar intelectualmente no consista en tener cada vez más respuestas, sino en aprender a reconocer qué preguntas todavía merecen permanecer abiertas.