
El precio no solo informa: también comunica. Una cifra terminada en nueve puede cambiar nuestra percepción porque leemos de izquierda a derecha y utilizamos atajos mentales al comparar.
El llamado efecto del dígito izquierdo explica parte de ese fenómeno, pero no funciona siempre. En artículos de lujo un precio redondo puede transmitir sencillez y calidad, mientras que en compras cotidianas el precio preciso suele comunicar ahorro.
Para comprar mejor, compara el precio final, la cantidad incluida, los gastos de envío y la utilidad real. Para vender con confianza, evita descuentos artificiales y explica con claridad el valor de lo que ofreces.
¿Qué te convence más: una cifra redonda o una oferta con céntimos?
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