
Las películas suelen enseñarnos mesas rebosantes de carne y copas. Pero la alimentación medieval variaba enormemente según el lugar, la estación, los recursos y la posición social.
Los cereales, las legumbres y las verduras tenían un papel esencial en muchas regiones europeas. Los guisos permitían aprovechar ingredientes y conservar el calor; las hierbas aromáticas eran habituales, mientras que ciertas especias importadas resultaban caras y señalaban estatus.
Tampoco existía una única «cocina medieval». La alimentación de una ciudad comercial mediterránea no era la de una aldea del norte de Europa. Los libros de recetas conservados reflejan sobre todo cocinas acomodadas, no el menú cotidiano de todo el mundo.
¿Qué plato actual crees que reconocería alguien de hace 700 años?
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