DIDISELOP · Ciencia, cultura y preguntas para pensar · 23 de octubre de 2026
En el corazón de la Vía Láctea se encuentra Sagitario A*, un agujero negro supermasivo a unos 26.000 años luz de nosotros. Durante años, una de las preguntas ha sido por qué parece alimentarse de materia a un ritmo relativamente modesto comparado con núcleos de galaxias mucho más activos. Nuevos resultados basados en observaciones del telescopio espacial James Webb añaden una pieza química al rompecabezas.
La sorprendente presencia de «metales»
En astronomía, la palabra metal tiene un significado peculiar: designa elementos más pesados que el hidrógeno y el helio, incluidos oxígeno, carbono o hierro. No se trata necesariamente de trozos sólidos flotando junto al agujero negro, sino de elementos presentes en el gas interestelar.
Una investigación publicada el 19 de octubre de 2026 en The Astronomical Journal y divulgada esta semana analiza gas enriquecido en esos elementos alrededor de Sagitario A*. Su composición presenta semejanzas con la de estrellas cercanas, una pista sobre la historia compartida de esa región.
Por qué la química cuenta una historia
Los elementos pesados se producen en procesos de evolución estelar y se dispersan por el medio interestelar. Estudiar cuáles aparecen en un gas, y en qué proporciones, permite investigar su origen y las generaciones anteriores de estrellas. Además, esos elementos afectan al modo en que el gas pierde energía por radiación, algo decisivo para que pueda enfriarse y desplazarse.
Sin embargo, no basta con encontrar metales para explicar por completo cuánto material termina cayendo al agujero negro. Influyen campos magnéticos, turbulencia, temperatura, dinámica y procesos todavía difíciles de reconstruir. Los autores advierten que las condiciones locales complican deducir directamente la actividad pasada del agujero negro solo a partir de las emisiones del gas.
Una reflexión cósmica
El hierro de nuestra sangre y el calcio de nuestros huesos forman parte de una historia de transformación cósmica que precede a la Tierra. Investigar qué elementos rodean a un agujero negro es investigar también cómo circula la materia entre estrellas, nubes y generaciones de sistemas planetarios.
Te propongo una pregunta: ¿te resulta más asombroso que exista un agujero negro gigantesco en el centro de nuestra galaxia o que podamos reconstruir parte de su entorno analizando la luz emitida por átomos a decenas de miles de años luz?
Referencia: investigación publicada en The Astronomical Journal el 19 de octubre de 2026, divulgada el 22 de octubre. Imagen de Sagitario A* del proyecto Event Horizon Telescope, ilustrativa de su entorno; no representa la nueva medición química.
Para seguir explorando: consulta la fuente de esta investigación.
